¡ VIVE LA NON-RESISTENCE !

Una de las frases que más oigo acerca de Aikido cuando algún allegado me pregunta acerca del tema, es: «Ah, sí. Aikido. Eso de usar la fuerza del otro cuando te atacan…» .
Y yo les respondo: «Sí…, pero NO»

En cierta ocasión, un conocido me llegó a responder: «Jolines, Diego, es que respondes como un japonés». A lo cual le respondí: «Bueno, te respondo como una persona en la práctica del sendero del Aiki».

Considero que de manera natural y no deliberada, ante cualquier cambio de paradigma, o cambio en la vida, tendemos a resistirnos. Y considero también que esta resistencia es algo que brota de manera que consideramos «natural», pero que está relacionada con nuestro subconsciente y nuestro conjunto de creencias que están arraigadas en el mismo.

La psicología moderna considera que aproximadamente, el 97% de acciones y pensamientos que desarrollamos en un día están totalmente dirigidos por nuestro subconsciente, por esa programación que ha sido colocada en nuestra mente a través de las experiencias vividas, la educación recibida, las costumbres que hemos aceptado como normales, etc. De ahí que nuestro comportamiento y reacciones cotidianas ya lleven una previa programación intrínseca.

Hace años, viendo un afamado programa televisivo titulado: «El encantador de perros», su experto conductor, César Millán, sufrió un ataque y mordedura de un perro de gran tamaño. Ante la misma, lejos de resistir oponiéndose o quedarse inmóvil ante el ataque del cánido, lo que hizo fue ceder en el sentido de la mordedura del animal y abalanzarse sobre el propio perro (hacia su centro de gravedad). Ante esta reacción instantánea, y tras algún golpe con el pie, el animal abrió sus fauces y cesó en su empeño.

Consciente de la situación, César explicaba ante las cámaras que esa era la manera correcta de enfrentarse a esta peligrosa situación. Consideraba que si hubiera tirado o hubiera resistido, el mal hubiera sido terrible, pudiendo causarle desgarros y enormes heridas.

¡Guau!, pensé (nunca mejor dicho), lo que acabo de ver es una absoluta demostración de Aikido. Ante el ataque del animal, y ya habiendo alcanzado el mordisco el brazo del «encantador de perros», este, cede, no se resiste, y desde su centro y con algún golpe de pie, logra que el animal deponga su actitud y le libere, recibiendo así un daño menor.

Quizás, la reacción natural del común de los mortales hubiera sido resistir el envite, e incluso, tirar en dirección contraria huyendo. Ante esa resistencia, primaría el rival más fuerte o el más diestro.

Les he escuchado muchas veces a mis maestros decir que: «siempre va a haber alguien más fuerte que tú, más ágil que tú, más rápido que tú…». Luego entonces, resistir, no ha de cobrar sentido.

Uno de los principios más elevados de Aikido es el principio de unión, «musubi». Hace tiempo, el maestro Lucio nos indicaba: «Si desarrollando una técnica de Aikido no soy capaz de hacerla técnicamente correcta pero hay unión de centros y fluidez, nadie podrá deciros que eso no es Aikido, por muy extraña o rara que haya salido la técnica. Si hay unión, si hay centro y fluidez, si hay «musubi» hay Aikido».

Cuando algo nuevo llega a nuestras vidas, al igual que cuando recibimos una técnica en Aikido, nuestra primera reacción suele ser tensarnos, resistir, ponernos rígidos y duros. Esa reacción es de nuestro cerebro más irracional, el de esa mente que no quiere aceptar de inmediato el cambio porque prefiere no cambiar o adaptarse a algo nuevo, ese cerebro que no ha tenido tiempo de darse cuenta de lo ocurrido, y se pone rígido. Y, curiosamente, a más rigidez, más tensión, más dolor y menos unión.

Aquí entra el principio de unión Cuerpo – Mente – Espíritu. Todo comienza en nuestro cuerpo. Pero voy más allá. Todo comienza en nuestra intención y atención. Todo comienza en mi intención de unirme al compañero desde mi cuerpo , desde mi movimiento y con mi respiración, bien sea como Tori, bien sea como Uke.

Desde esa premisa y mi atención dirigida, relajo mi cuerpo, me adapto al movimiento, desde mi centro al centro del compañero, y ahí surge Aiki, la Unión, el «musubi».

Si mi cuerpo aún no está preparado por su propia rigidez y la rigidez de la mente, me costará trabajo, al resistirse. Pero en ese trabajo, en esa intención de no-resistencia, se va manifestando Aiki.

Paso a paso. Sin prisa, pero de manera constante.

La rigidez, la tensión, la resistencia, al igual que con la electricidad, hará que el flujo de energía sea menor. Por un cable con mayor resistencia, llegará, de extremo a extremo, menor flujo de corriente eléctrica que en un cable de menor resistencia.

Luego entonces, en ese principio de Unión que empieza por nosotros mismos, tenemos que observar, hacer introspección y encontrar ese puente de unión donde comienza todo: La unión Cuerpo -Mente.

La no resistencia del cuerpo.

La no resistencia de la mente.

¡Que viva la No-resistencia!

VIVE LA NON RESISTENCE.

Diego López Blanco