DESVELA TU LUZ INTERIOR I

 

Buenas tardes

Para los que aún no me conozcan:

 

Según reza en mi certificado de nacimiento mi nombre es Lucio Álvarez Ladera, nacido en Madrid hijo de Lucío y Pilar el 24/07/1947.

O sea, que llevo en este mundo 78 años. Hace unos 7 me detectaron un tumor sin metástasis en el ‘coco’, que me afectaba y me afecta al bulbo raquídeo y al cerebelo, automatismos orgánicos y adquiridos. Cuento esto, con la sola intención de que sepáis comprender y disculpar mis limitaciones al expresarme.

 

Durante 50 años he practicado Aikido, arte que difundo desde hace casi el mismo tiempo. Apenas llevaba un par de años de práctica y comencé ya como ayudante de uno de mis primeros profesores sustituyéndolo en algunas de sus clases, hasta quedarme en ellas como profesor titular. Desde entonces no he dejado la práctica y difusión de este arte extraordinario. 

O’Sensei Morihei Ueshiba, fundó el Aikido un camino (Do), según sus propias palabras inspirado, no inventado, para que cada practicante se hiciera fuerte pero compasivo, benevolente, respetuoso y solidario. Para que su motivación fuese el beneficio mutuo y ser muestra y fuente de armonía en el mundo. Para unir. No para ganar, predominar, prevalecer, imponerse, separar.

Amor, armonía (Ai-ki) y benevolencia en lugar de discordia, disgregación y odio.

 

Hace algunos años empezaron a llamarme maestro.

¡Ojo con esto, lo carga el diablo! ¡Mucho cuidado cuando empiezan a considerarte maestro!

¡Máxima atención a la virtud jactanciosa! Igual que callamos nuestras vergüenzas –alguna cosilla habrá por ahí. Quien esté libre de pecado…-, silenciemos también nuestras glorias, porque la gloria inmodesta es peor que la vergüenza oculta. La virtud pregonada a los cuatro vientos es muchísimo más execrable y perniciosa que la iniquidad muda.

Dice una máxima:

“Si buscas alcanzar la Sabiduría se extremadamente humilde. Cuando la hayas alcanzado, se más humilde todavía”.

Dijo el abate Antonio:

“Vi todas las trampas del enemigo extendidas sobre la tierra y dije gimiendo: ¿quién podrá pasar por ellas? Y oí una voz que me respondía: la humildad”.

Mas:

“No se enciende una lámpara y se pone en un lugar escondido, sino, sobre un candelero para que alumbre a los que estén en la casa.  Alumbre así vuestra luz…”

¿Habremos de callar entonces?

Ciertamente no. Aunque, desde luego, es imprescindible hablar con total sinceridad y humildad, y desinteresadamente.

 

Hará más o menos 23 años sentí la ineludible llamada de un Auténtico Maestro. Un Maestro vivo completamente Realizado. Desde ese momento, podría decirse que disfruto dos condiciones: 

Maestro por un lado, y humilde discípulo por otro. Aunque la segunda condición es la más destacable. Primaria, esencial. No debo, no obstante, renunciar a la primera.

 

Todos los seres vivos de este mundo, poseen esta doble condición: meros siervos por un lado y todopoderosos señores por otro. Los humanos, además, gozamos el privilegio de poseer la inestimable y rarísima capacidad de ser conscientes de nuestro luminoso señorío y de trascender la condición de subalternos.

El resto de los seres que pueblan este mundo, viven y mueren como simples siervos, no pueden cambiar su condición. ¡Ni imaginárselo siquiera!

 

Eso sí, cumplen fiel e inteligentemente su cometido: los rosales dan rosas, los árboles frutos y sombra, y oxígeno, el melonar, melones, cada cual justamente lo que le toca…

Mientras que nosotros, los humanos, vivimos en constante incertidumbre, confusos sobre cuál es nuestra naturaleza y cometido reales, nuestra verdadera razón de ser. ¿Quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿qué hago aquí?, ¿a dónde iré?…

Yo, que sé soy yo

Consciente del yo que soy

¿qué seré luego?

 

Yo, que soy yo

Consciente del yo que soy

¿antes, qué fui?

 

Y como nuestro intelecto necesita explicaciones y no encuentra respuestas incontrovertibles, se agarra, y con él nosotros, a lo aparente, a lo que ve, oye y puede tocar. A lo que nuestros restringidos sentidos físicos nos dejan percibir. Y, a pesar de los innumerables fracasos, seguimos confiando en ellos, dándoles pábulo para proseguir en el contínuo proceso de percepción, análisis y elección que domina nuestra mente, pensamientos, palabras y actos. O sea, el ego, amo y señor de nuestros sentimientos, emociones, certezas, acciones y reacciones. Artífice de nuestra “realidad”.            

Creemos ser dueños de nuestras mentes, que somos nosotros quienes decidimos qué, cómo y cuándo, que controlamos, pero no tenemos el control en absoluto.

 

Os propongo un sencillo experimento que suelo proponer a los alumnos menos experimentados, para hacerles ver cuán equivocada es esa sensación de control:

Tratad de detener ese proceso mental. Ordenad a vuestra mente  que calle, que se detenga y guarde silencio. ¿Durante cuánto tiempo permanecerá quieta? Casi nunca más de lo que tardamos en ordenárselo. Incluso cuando la mente esta entrenada ese instante presente se desvanece casi instantáneamente. Volvemos a intentarlo, vuelve a dispersarse. El proceso intelectual es incesante, se alimenta a sí mismo de sí mismo, de su actividad y es quien tiene el control. Si para desaparece, o mejor dicho, pierde su hegemonía y se torna en lo que es realmente, un subalterno, una herramienta.

 

De la Filocalia, la oración de Jesús:

“Ontológicamente, la consecuencia esencial de la caída, para el ser humano, es precisamente la disgregación espiritual por la  cual su personalidad  esta privada de su centro y su inteligencia dispersa en el mundo exterior. El lugar donde se produce esta dispersión de la personalidad en el mundo de las cosas es el cerebro. Allí los pensamientos forman continuos remolinos, como enjambres de moscardones en verano. Por el cerebro conoce el ser humano el mundo que le es exterior y pierde el contacto con los mundos espirituales. Para reconstruir a la persona en la gracia, es necesario, entonces, reencontrar una relación armoniosa entre la inteligencia y el corazón (el centro)… Se trata, en realidad, de liberar el corazón y el espíritu de la opresión de los pensamientos, de la ocupación continua de las ideas”.

Eso es el ego, él tiene el control, él nos enreda y confunde. Nos engaña. Pero también es necesario, vital.

“Para reconstruir a la persona en la gracia,  (equilibrio y realidad) es necesario restablecer la relación armoniosa entre la inteligencia y el corazón (el centro)”.

Unir cuerpo, mente y espíritu…

 

De Mijail Naimy:

 

“El ser humano es un dios en pañales. El tiempo es un pañal. El espacio es un pañal. La carne es un pañal, y de igual forma, son pañales los sentidos y las cosas por ellos percibidas. La Madre sabe que los pañales no son la criatura. Pero la criatura no lo sabe.”

Añadiremos a esta lista:

Nuestras indiscutibles certezas son un pañal. Nuestros objetivos materiales son un pañal. Nuestros amores y apegos mundanos, son pañales, nuestras expectativas y deseos son pañales… Y todos sabemos cuál es la función de los pañales, ¿no?…

La Madre, el Maestro completamente realizado, sabe que la criatura no son los pañales. Y qué es lo que realmente guardan estos…

Es en el silencio interior donde se espera que nos libremos de nuestro tenebroso y sofocante caparazón del yo, para  poder entrar en la Luz y el Aire puro del Yo.

Se escriben muchas opiniones, muchas versiones de lo que es o deja de ser el termino zanshin. Es normal que se den tantas interpretaciones. La nuestra:

 

Zanshin es mantener cuerpo, mente y espíritu centrado, equilibrado, en profundo, verdadero silencio interior, atento en todo momento y circunstancia. Limpio, sin dispersión y siempre, desde luego, una experiencia personal, íntima, algo que debe experimentar cada uno por sí mismo, al margen de cualquier opinión por reputada que parezca.

Ese es el silencio recomendable y digno, el silencio interior y no el simple descanso de la lengua cansada de tanta cháchara.

 

¡Qué difícil, pero qué difícil es expresar la palabra que realmente debe ser expresada!

Mejor guardar silencio.

 

En cuanto al tema de la maestría:

A nivel material, mundano, múltiple y diverso, pueden darse diferentes grados de maestría: maestros de infantil, de primaria, de secundaria, de bachillerato, de enseñanza universitaria, de F.P…

Lo mismo podemos aplicar a la maestría mística mientras sigamos en este nivel de conciencia múltiple. Podemos encontrar diferentes grados de conocimiento místico hasta llegar al Autoconocimiento. Entonces el yo, se reconoce como Yo, ¡Este sí soy Yo! exclama. “So Ang” ¡Soy Yo!

En la mayoría de las escuelas místicas este, la apertura del “tercer ojo”, suele considerarse el nivel Superior, la meta. Ya se ha logrado la realización. Ya puede tenerse al buscador por maestro realizado. Y así es en cierto modo. Aunque solamente habrá llegado al primer paso de la entera Realización, al punto desde el cual da comienzo el Auténtico Sendero Espiritual. Ha trascendido la materia, ha descubierto su verdadero Ser de Luz, ahora ha de llegar a la completa Realización a la total fusión en el Amor eterno, en la Luz Infinita, en Dios…

Es normal que las gentes todavía no suficientemente preparadas, puedan tomar a estos maestros tan elevados por Maestros Completos, verdaderos Santos.

Solamente un Verdadero Maestro Completo puede reconocer a otro con absoluta certidumbre.

No obstante, incluso en nuestra compleja y restringida condición de humanos, disponemos de numerosas evidencias que pueden ayudarnos a tantear el grado de maestría.

Para empezar, corresponde al maestro, no  tratar de aparentar. Reconocer y confesar sus carencias, ser sincero y humilde.

Ningún maestro sincero, sea cual sea su nivel, alardeará de su maestría, ni se atribuirá mérito alguno, ni querrá jamás aparentar lo que no es, incluso guarda muy mucho lo que sí es.

Ningún Verdadero Santo inducirá a la separación; ni se toma por superior, ni predica la supremacía. Ninguno, cobrará emolumento alguno por sus enseñanzas y vivirá de sus propios ingresos. Su mensaje siempre será de Amor e Igualdad, de Fraternidad y comprensión, nunca de xenofobia o exclusividad, no crea facciones, ni fija más dogma que el del Amor Universal…

Y la prueba del 9, la definitiva: cuando el Maestro Completamente Realizado nos llama, acudimos inevitablemente a su llamada, y no tendremos duda alguna de su pureza. Le vemos, le oímos y nuestro ser, nuestra alma se siente irremisiblemente arrebatada como un alfiler atraído por un imán.

 

Ahora bien, ciñéndonos a las condiciones de este plano:

Todo el mundo está capacitado para enseñar lo que aprenda desde el primer día, desde el primer momento ¿Qué le impide a nadie trasmitir la experiencia adquirida? ¿Quién está capacitado para juzgarle y decirle cuándo puede? Solamente se requiere ser sincero y humilde, reconocer las propias limitaciones, no pretender enseñar lo que aún no se sabe y guardar fidelidad a su maestro, si lo tuviere, y a su escuela.

Un conocido dicho:

“Si de verdad quieres aprender algo, enséñalo”.

 

Hago mías ahora, las palabras de un gran poeta Sant de India:

Como él, de joven yo quería salvar impetuosamente a todo el mundo, mis certezas eran irrebatibles, ¿cómo podía alguien no entenderlas y compartirlas? Crecí, me hice adulto, y alcancé que eso no era posible, y me conformé con querer aplicar mis certezas, aún evidentes, para salvar al menos a mis allegados, familiares y amigos. Llegué a la madurez y comprendí, ya anciano, que mis certezas eran solo mías y que lo cierto es que a quien únicamente puedo y debo salvar es a mí mismo, y me lamenté por el tiempo perdido. Pero nunca se pierde el tiempo. Recordemos el chiste de las religiones:

“Durante toda su historia la humanidad ha creado miles de religiones y decenas de miles de dioses, pero no se preocupe, la que Ud. profesa es la verdadera y su dios es el auténtico y único dios”.

Esta broma, no obstante, encierra una verdad verdadera: cada uno está donde debe estar y sigue a quien debe seguir.

 

Cuando nos toque, al margen de nuestra edad o condición, se nos presentará la respuesta y el maestro que entonces necesitemos.

 

Mas, no nos durmamos, cuánto antes nos pongamos en camino, mejor.

Dice una máxima budista:

“Quien conoce la senda y no la sigue, es como el que enciende una luz y cierra los ojos”.

Nosotros aquí solemos decir:

¡Qué se fastidie el capitán que no como rancho! ¡Para que veas que tengo genio, me acuesto sin cenar!

 

No hay edad fija para comenzar a andar, y, en cuanto empecemos a hoyar la Senda de la Luz y el Amor estaremos practicando Amor e Iluminación. El camino comienza con el primer paso. El camino es la meta. Meta y camino son la misma cosa. “Al andar se hace el camino…”

Zazen es Zen. Sentarse a meditar es meditar. Practicar Ai-ki, es Aikido.

Cuanto antes dejemos la charla y echemos a andar mejor.

Ciertamente hablar, en el mejor de los casos, es una mentira honesta y el silencio en el peor, es una verdad desnuda, limpia. Pero como hablar es el recurso que poseemos para comunicarnos en este plano de conciencia, hablemos. Pero con cordura, sentido común, sinceridad, respeto y  humildad.

 

En realidad, por muy poderosa que nos parezca la palabra hablada o escrita -La pluma es más poderosa que la espada-, la palabra es solo una herramienta. Puede trasmitir, inducir, sugerir, proponer, ordenar, intimidar; expresar sentimientos, ideas, emociones, conocimientos, pero no puede trasformar, cambiar. El acto corresponde a la voluntad.

Dejemos de alegar manipulación, de obediencia debida, si no damos pábulo a lo que nos dicen, si no apretamos el gatillo…

 

La palabra, como hemos dicho, es solo una herramienta que sirve para contactar con otra herramienta algo más sofisticada, el intelecto, pero ambos están limitados, constreñidos a un determinado ámbito, el material. Ambos, como toda herramienta, pueden ser utilizados correcta o incorrectamente. Si usamos un martillo para clavar clavos lo estaremos usando correcta e inteligentemente, si lo usamos para fijar un cristal en el marco de una ventana estaremos dándole un uso equivocado, perjudicial, y habremos de sufrir las consecuencias de quedarnos sin ventana y poder cortarnos con las esquirlas.

 

Un estupendo uso de la palabra y el intelecto es usarlos para trasmitir ideas de paz, de armonía y amor (Ai-ki). Usarlos con inteligencia orientándolos en dirección correcta,  proponiendo un sendero útil de verás…

Angustiados, desesperados, llenos de temor, alzamos los ojos y la voz al firmamento clamando, suplicando, exigiendo,  un nuevo Sol más cálido y luminoso. Una nueva Luz que ilumine a la humanidad, y la haga más justa y solidaria, menos cruel y violenta.

 

Ahora entramos en el meollo de la cuestión, pero como ya nos hemos alargado en demasía, dejémoslo para el siguiente capítulo.

CONTINUARÁ…