MORIR PARA AMAR:LA MUERTE CÓMO CUMBRE DE LA EXPERIENCIA MÍSTICA.
Los místicos y la mística -que no es otra cosa que la búsqueda y el encuentro con la Verdad-, mira de frente a la muerte, no cómo un enemigo a derrotar, sino como “la puerta última” que hay que cruzar. Mientras que en lo ordinario de nuestras vidas asociamos la muerte a la perdida y al vacío que nos produce, en la mística y en aquellos que la alcanzan, la muerte es la “gran Reveladora”, que deja al descubierto lo ilusorio abriendo paso a lo verdadero y a la común- unión; con el Todo del que formamos parte.
En palabras del poeta Rabindranat Tagore:
“ Cuando llegue el día de mi muerte,
cómo si se extinguiera una lámpara,
entonces, amanecerá “.
Morir antes de morir.
El místico, o más bien la oferta del camino de la mística, nos muestra que la preparación, la “espera” de la muerte física comienza en el “abandono” o “muertes interiores”, esto es; aquellas ‘muertes previas’en nosotros: morir al propio “ego” de querer ser siempre “centro”, morir a aquellos “apegos” de los que somos esclavos, y finalmente, morir a las falsas imágenes que cada uno de nosotros nos hacemos de nosotros mismos.
Este es el camino que Juan de la Cruz llamará “Noche oscura” y que me atrevería a denominar cómo el “vaciamiento” que a veces entendemos cómo ‘perdida’, pero que, en realidad, para Juan de la Cruz es el renacimiento a la VERDAD:
“Para venir a lo que no gustas,
has de ir por dónde no gustas.
Para venir a lo que no sabes,
Has de ir por dónde no sabes “.
Morir puede ser un acto de Amor.
Aunque habitualmente parezca ser, y así lo vivamos y entendamos, todo lo contrario la mayoría de las veces. La muerte, salvo en casos genocidas y asesinos, que es una injusticia, es un acto de entrega. La muerte, cuando se vive conscientemente el camino hacia ella, y así lo han expresado y experimentado muchos, es el gesto supremo del Amor; devolver la vida recibida y realizada en plenitud a su fuente, de la que proviene. Dice el Evangelio de Juan:
“Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo”. [Jn 13,1].
Un filósofo y teólogo que murió asesinado en El Salvador en la década de los ochenta, decía lo siguiente:
“La entrega de la vida por los demás, incluso hasta la muerte, es la máxima expresión de amor histórico, porque cada muerte así vivida, asume todo el dolor y la Esperanza de todos los sufrientes y crucificados del mundo “ [Ignacio Ellacuria].
“Cruzar la puerta”.
Con la muerte, toda pretensión de control desaparece. El “yo” personal se diluye, y sólo queda la Verdad de lo que hemos amado y nos ha amado. Rumí, el místico de la tradición Sufí lo expresa de la siguiente manera:
“Cuando mí alma salga de este cuerpo,
no llores por mí;
no caí en la oscuridad,
entré en la Luz”.
El Amor que hemos cultivado no muere, sino que permanece, y atraviesa intacto la “puerta” del final del camino.
Vivir siendo conscientes de que morimos.
Así, en la vida del místico -y en la de cualquiera de nosotros -, vivir cada día es un “ensayo de la muerte venidera”, y se nos invita a vivir con más plenitud, perdonando cómo sí fuera el último momento, a Amar sin guardarnos ni un ápice de Amor, y finalmente, a aprender a “soltar” aquello que no nos podemos “llevar”.
Francisco de Asís, desde aquí, es capaz de llamar “hermana” a la muerte, porque quien ha hecho las paces con ella -y creo que últimamente todos hemos sido testigos de esto – vive sin miedo y derrocha Amor sin medida. Escribe Francisco en su ”Cántico de las Criaturas “:
“Bienaventurados los que hallaran a la hermana muerte en paz,
Porque ellos no conocerán la desaparición definitiva”.
Es decir, Siempre vivirán. Siempre viven en el AMOR.
En definitiva; Morir no es el final, sino el paso definitivo al AMOR sin límites. Cada “pequeña muerte” que aceptamos en nosotros – a nuestro orgullo, nuestra soberbia, nuestra falta de amor a los otros, nuestras falsas seguridades- es un “entrenamiento” para la Gran entrega final de nuestras vidas. En el fondo, sólo muere lo que no es eterno . Y lo más profundo y real de cada uno de nosotros, aunque tantas veces no seamos conscientes, es el AMOR; lo que hemos amado permanecerá eternamente, porque lo esencial de nuestro ser criaturas, de todo lo creado, es el AMOR.
In Memoriam Lino Hurtado Delfa.
